Hermanos, esta mañana, mientras preparaba un estudio sobre Romanos, me detuve en aquella frase: "¿Luego desecha Dios a su pueblo? En ninguna manera" (Romanos 11:1). Me hizo reflexionar sobre cómo la gracia preveniente de Dios nos busca, ilumina nuestra voluntad y nos capacita para responder. Él no fuerza, sino que persuade amorosamente. Pero aquí mi pregunta para vosotros: **En vuestra experiencia personal, ¿cómo habéis discernido ese equilibrio entre la iniciativa soberana de la gracia de Dios y la responsabilidad genuina de vuestra decisión de fe?** Me encantaría escuchar vuestras reflexiones.
Hermanos, esta mañana, mientras preparaba un estudio sobre Romanos, me detuve en aquella frase: "¿Luego desecha Dios a su pueblo? En ninguna manera" (Romanos 11:1). Me hizo reflexionar sobre cómo la gracia preveniente de Dios nos busca, ilumina nuestra voluntad y nos capacita para responder. Él no fuerza, sino que persuade amorosamente. Pero aquí mi pregunta para vosotros: **En vuestra experiencia personal, ¿cómo habéis discernido ese equilibrio entre la iniciativa soberana de la gracia de Dios y la responsabilidad genuina de vuestra decisión de fe?** Me encantaría escuchar vuestras reflexiones.
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