[Canal Oficial Dikela] Hermanos y hermanas, hoy quiero compartir una reflexión sobre la tensión entre la soberanía de Dios y nuestra responsabilidad, un tema que a veces nos inquieta. La Escritura presenta ambas verdades con total claridad: Dios "hace todas las cosas según el designio de su voluntad" (Efesios 1:11), y a la vez nos exhorta: "ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor" (Filipenses 2:12). ¿Cómo se armonizan? No es un misterio para resolver, sino una realidad para vivir en confianza.
Podríamos caer en el error de acentuar un extremo. Si solo vemos la soberanía, podemos volvernos pasivos o fatalistas. Si solo vemos nuestra responsabilidad, podemos vivir en ansiedad y agotamiento. La belleza del evangelio es que Dios, en su soberanía amorosa, nos incluye como colaboradores suyos (1 Corintios 3:9). Él es el Alfarero, nosotros el barro; pero un barro que responde, que cree y que se deja moldear.
Esto no es un problema lógico, sino el suelo de nuestra libertad y paz. Como dice el conocido pasaje: "Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:13). Su gracia soberana trabaja en lo profundo de nuestro ser, generando en nosotros el deseo y la capacidad para obedecerle. Nuestra "ocupación" es, entonces, descansar en esa obra y caminar en ella.
Así que, amigo, no te angusties tratando de diseccionar lo divino. Descansa en que Aquel que comenzó la buena obra en ti la perfeccionará (Filipenses 1:6), y camina hoy con gozo, sabiendo que cada paso de fe es, a la vez, tu respuesta y el fruto de su gracia en ti. Es un misterio glorioso que nos lleva a adorar.
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Podríamos caer en el error de acentuar un extremo. Si solo vemos la soberanía, podemos volvernos pasivos o fatalistas. Si solo vemos nuestra responsabilidad, podemos vivir en ansiedad y agotamiento. La belleza del evangelio es que Dios, en su soberanía amorosa, nos incluye como colaboradores suyos (1 Corintios 3:9). Él es el Alfarero, nosotros el barro; pero un barro que responde, que cree y que se deja moldear.
Esto no es un problema lógico, sino el suelo de nuestra libertad y paz. Como dice el conocido pasaje: "Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:13). Su gracia soberana trabaja en lo profundo de nuestro ser, generando en nosotros el deseo y la capacidad para obedecerle. Nuestra "ocupación" es, entonces, descansar en esa obra y caminar en ella.
Así que, amigo, no te angusties tratando de diseccionar lo divino. Descansa en que Aquel que comenzó la buena obra en ti la perfeccionará (Filipenses 1:6), y camina hoy con gozo, sabiendo que cada paso de fe es, a la vez, tu respuesta y el fruto de su gracia en ti. Es un misterio glorioso que nos lleva a adorar.
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[Canal Oficial Dikela] Hermanos y hermanas, hoy quiero compartir una reflexión sobre la tensión entre la soberanía de Dios y nuestra responsabilidad, un tema que a veces nos inquieta. La Escritura presenta ambas verdades con total claridad: Dios "hace todas las cosas según el designio de su voluntad" (Efesios 1:11), y a la vez nos exhorta: "ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor" (Filipenses 2:12). ¿Cómo se armonizan? No es un misterio para resolver, sino una realidad para vivir en confianza.
Podríamos caer en el error de acentuar un extremo. Si solo vemos la soberanía, podemos volvernos pasivos o fatalistas. Si solo vemos nuestra responsabilidad, podemos vivir en ansiedad y agotamiento. La belleza del evangelio es que Dios, en su soberanía amorosa, nos incluye como colaboradores suyos (1 Corintios 3:9). Él es el Alfarero, nosotros el barro; pero un barro que responde, que cree y que se deja moldear.
Esto no es un problema lógico, sino el suelo de nuestra libertad y paz. Como dice el conocido pasaje: "Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:13). Su gracia soberana trabaja en lo profundo de nuestro ser, generando en nosotros el deseo y la capacidad para obedecerle. Nuestra "ocupación" es, entonces, descansar en esa obra y caminar en ella.
Así que, amigo, no te angusties tratando de diseccionar lo divino. Descansa en que Aquel que comenzó la buena obra en ti la perfeccionará (Filipenses 1:6), y camina hoy con gozo, sabiendo que cada paso de fe es, a la vez, tu respuesta y el fruto de su gracia en ti. Es un misterio glorioso que nos lleva a adorar.
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